Un par de ejemplos que demuestran la necesidad de reformar las leyes de propiedad intelectual.
Enero 25, 2008Los bandos enfrentados.
Como ya se dijo varias veces en estas columnas, en los últimos años las leyes de propiedad intelectual se han vuelto mucho más duras. Los titulares de estos derechos lograron que se extiendan los plazos de protección legal y crearon una serie de mecanismos que, en última instancia, restringen los derechos de los usuarios.
Así, se idearon los DRM (Digital Right Management), mecanismos técnicos que impiden al comprador de una obra protegida con estos, disponer libremente de ella. Como son fáciles de violar la mayoría de las legislaciones penan esta conducta.
Como si esto fuera poco la ley obliga a los intermediarios en la red (buscadores, proveedores de servicios, etc) a dar de baja contenido ante el simple requerimiento del supuesto titular de derechos de propiedad afectado por este; caso contrario son corresponsales de esta violación.
Hecha esta pequeña introducción pasemos revista a algunos casos divertidos o patéticos, que ilustran claramente, que el sistema no funciona.
Dmitry en el país de las maravillas.
Dmitry Sklyaro fue arrestado en los Estados Unidos, en el 2001, acusado de haber ideado un sistema que permitía romper la protección del famoso “Adobe Acrobat Reader”, para poder leer estos documentos con cualquier otro programa.
Es que la ley norteamericana - y la de casi todos los países -, prohíbe violar los DRM. Poco importó a los agentes, que la obra protegida por el sistema Adobe era “Alicia en el País de las Maravillas”, escrita en el año 1865 por Lewis Carroll; un libro, que por décadas había pertenecido al dominio público.
Adobe había utilizado esta obra para demostrar la efectividad de su sistema de protección de derechos. Lo mas gracioso no es que Sklyaro haya demostrado cuan ineficaz realmente era sino que, en la licencia de esta obra, Adobe haya prohibido copiarla, prestarla, citarla o imprimirla.
Mediante el empleo de los DRM Adobe realizó un pase mágico digno de Houdini: convertir una obra del dominio público en una obra protegida.
El misterioso vendedor de iniquidades.
Uri Geller es un atorrante. Como todos saben, se trata de uno de esos psíquicos mediáticos, que afirman poder predecir la lluvia o doblar cucharas y que sólo sirven para empobrecer ingenuos.
Brian Sapient, por el contrario, no es tan famoso. Es un activista, que subió a Youtube un vídeo con el cual demuestra porque a Geller se lo puede calificar de atorrante.
Geller ordenó (el verbo es justo), a Youtube que bajé el vídeo bajo pena de iniciar acciones también contra esta firma. Youtube bajó el contenido sin importar, que se trataba de un caso de uso legitimo (fair use, en inglés), toda vez que sólo 8 segundos del vídeo, de 13 minutos, eran de propiedad de Geller.
Sapient ni tonto ni perezoso ahora demanda a Geller por daños y perjuicios.
El gran escape.
Meses atrás un grupo de prisioneros estadounidenses idearon un audaz, aunque algo tonto, intento de escape: registraron sus nombres y luego, ante el uso “ilegitimo” de estos por parte de las autoridades de la prisión, contrataron a una persona para embargar las propiedades del director.
Solo las liberarían en caso de que ellos recibieran idéntico tratamiento.
De mas está decir que los prisioneros no conocían los entretelones del sistema legal americano: la persona que contrataron para hacer valer sus derechos era un agente encubierto del FBI.
Aparentemente tendrán un par de años más para idear otro genial plan de fuga.
Abuso del derecho de propiedad.
A los delincuentes del último ejemplo les fue mal por no haber contratado los servicios de un verdadero abogado. Si lo hubieran hecho hoy probablemente estarían libres.
Es que cada vez más los titulares de derechos de propiedad abusan de las prerrogativas que les otorgan las leyes.
En el primer ejemplo Adobe, en los hechos, se apropió de una obra que estaba en el dominio público. En el segundo ejemplo el atorrante de Geller se valió de las leyes “copyright” para acallar a un critico.
En la mayoría de los países, los titulares de derechos de propiedad pueden intimar a los intermediarios, (Google, Youtube, Mercadolibre, etc) a que den de baja contenido que les pertenece. Para deslindar su responsabilidad a estos últimos no les queda otro remedio que cumplir el pedido. En argentina el panorama es aún peor: los titulares de derechos intelectuales pueden acusar a los intermediarios de ser cómplices del delito o reclamarles los daños y perjuicios.
Consecuencia lógica es que los titulares de derechos de propiedad utilizan este mecanismo no solo para proteger este tipo de derechos sino también para acallar críticos o resguardar secretos.
Del mismo modo, los DRM son utilizados en la práctica, no sólo para prevenir la copia ilegal sino también para impedir que el comprador de un producto pueda modificarlo en su provecho.
La propiedad intelectual nunca se pensó para coartar la libertad de expresión o restringir los derechos de los usuarios, sino para incentivar la producción de contenido cultural.
Tal vez es hora de poner las cosas en su justo lugar.
Referencias:
Prisioners try to copyright their escape plan, Telegraph 23/07/07
Las imágenes que ilustran esta nota son de propiedad de yourFAVOURITEmartian, Guatman, y Gipics. Se publican aquí bajo licencia Creative Commons
Publicado por Francisco de Zavalía


