Retenciones: otra vuelta de tuerca

Marzo 31, 2008

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La gallina y sus huevos hoy son de oro.

Hace rato que quiero escribir algo sobre las retenciones. Al final me decidió Roger Schulz, quien escribió hace poco sobre ellas una nota que, a diferencia de otras, trata de abrir el debate. Este artículo pretende, además de sumarme a la polémica, ampliar las observaciones que allí realicé.

No se pueden explicar las retenciones sino entendemos que el mundo esta atravesando una crisis, producto de los altos precios de los alimentos. En general, esta crisis obedece a dos hechos: el creciente apetito de los países asiáticos, en especial China, países que hoy tienen los medios para consumir; y, por otro lado, los biocombustibles, que comienzan a devorar las reservas alimentarias.

Esta crisis ya tiene consecuencias, la última edición de la revista Economist, señala que ya se prohibieron exportaciones en Argentina, Ucrania, Rusia, Tailandia, entre otros.

Los altos precios de sus productos es una gran noticia para Argentina, que por décadas sufrió el fenómeno inverso: el bajo precio de estos. Sin embargo, también nos genera problemas, la crisis perjudica a los pobres de nuestro país (que siguen siendo, gran parte de la población).

Claramente, algo hay que hacer ¿Pero qué?

El rol del estado en la economía.

Los mercados competitivos, por lo general, tienden al equilibrio. Pero este equilibrio significa que los recursos se asignan en forma eficiente. Nada más. Esto implica que - digamos el mercado de la carne -, puede encontrarse en equilibrio con el precio de los cortes comunes a $100 el kilo; y con la mitad de los argentinos sin posibilidad de adquirirlos.

El estado puede y debe entonces intervenir en los mercados, en este caso, por equidad. Además puede intervenir por otras causales, ejemplo: fallas de mercado.

Pero también el estado interviene en la economía, a través de los impuestos. Estos se utilizan tanto para pagar el costo del estado como para redistribuir los ingresos: quitarle un poco a los ricos para darle a los pobres.

Debe quedar muy claro que, cualquiera sea la forma que el estado intervenga en la economía (precios mínimos, impuestos, regulaciones, etc), produce ineficiencia y, a veces, hasta un resultado totalmente opuesto al que la intervención quería lograr. Esta es sólo una de las razones por las cuales, la prudencia es la virtud más estimable en un gobernante.

Por supuesto, si el estado debe o no intervenir en la economía y la medida de esta es un tema controvertido: Un comunista propondrá que el estado intervenga de plano los mercados y un libertario se opondrá al mínimo retoque. Pero la mayoría de nosotros – gente razonable –, aceptara un compromiso entre ambas posturas.

La clave – el lector avispado lo notará –, es la medida de la intervención y de la redistribución. Pero también importan la forma y modo.

Sobre política, leyes y otras estupideces.

Hace unos días leí en Crítica Digital una excelente nota de opinión de Mart{in Caparros que resumía para que gastamos miles de millones de pesos al año en diputados, concejales, ministros y otros especímenes: lo hacemos para evitar que un montón de perejiles corten las rutas, otros decidan que la mejor manera de rebatir un argumento es con un puñetazo y, el resto, quedemos en el medio.

Es que la política sirve para eso: ponerle coto a las luchas sectoriales y evitar que estas lleguen a las manos.

Falló la política.

Y falló, en mi opinión, porque no hubo dialogo ni consenso: el gobierno quiso imponer y los ruralistas no quisieron tranzar. La mayor parte de la culpa de esto es del gobierno. En primer lugar, porque a las entidades rurales nadie las votó. En segundo lugar, porque la medida era ilegitima: nuestra constitución señala que la iniciativa en materia impositiva pertenece a la Cámara de Diputados. Si ellos, luego del correspondiente debate, hubieran sancionado por ley las retenciones la cosa hubiera sido otra: los diputados son nuestros legítimos representantes en la materia. Por supuesto, algunos sostienen que “la letra chica” de la constitución las permiten, pero no estoy de acuerdo: la constitución es clara y terminante.

Además falló, porque las retenciones son injustas. Son iguales para el gran pool de siembra como para el pequeño chacarero; para el productor de Santiago del Estero como para el de Pergamino: estos no tienen ni los mismos costos, ni los mismos ingresos. Si el gobierno hubiera considerado estas diferencias hoy no tendríamos las rutas acogotadas: los pequeños productores del interior motorizan la protesta.

¿Por qué el gobierno no supo o no quiso ver esto? Dios lo sabrá.

El estado ¿Para qué esta?

El año pasado el gasto público aumentó 60%. No es coincidencia que ello sucediera en un año electoral. La mentada reforma política nunca sopló por estas pampas y nuestros dirigentes siguen haciendo campaña con nuestros impuestos. Aclaro que esto no se debe a nuestro actual gobierno, sucedió siempre, nos gobernara Alfonsín, Perón o el Gran Bonete.

Por lo demás, en Argentina, el estado es muy ineficiente. Una de las principales razones para ello es que no somos en los hechos, aunque si en el derecho, una república federal. Hoy en día el destino de los fondos nacionales lo decide el Jefe de Gabinete – en vez del Congreso - y, de los fondos provinciales, ni hablemos: la coparticipación es una mera expresión de deseos de nuestra constitución. Otra vez cabe aclarar que esto no es culpa de los K, aunque ellos poco hicieron para revertir tamaño embrollo, décadas de golpes e intervenciones hicieron mella en nuestra institucionalidad.

¿Como superar el entuerto?

El asunto es complicado ¿Cómo intervenimos en el mercado de alimento de manera que los pobres puedan seguir comiendo y nuestro agro siga competitivo? ¿Cómo redistribuimos parte de los ingresos de los que más tienen sin confiscarles su renta? Ojo, que no me refiero en este último caso sólo al campo, otros sectores de la economía gozan de una alta rentabilidad y no sufren una presión impositiva equivalente.

Pero hay algunas cosas que me quedan claro. En general los subsidios “a la Argentina”, son perversos: subsidiamos el gas tanto al pobre como al rico (otro ejemplo que me gusta, en Capital el colectivo cuesta 0,90 centavos; en Tucumán, provincia mucho más pobre, 1,40) ¿Por qué debemos subsidiar la carne al que come en la villa igual que al que come en Rodizio?

Es mucho más lógico dejar que de los ricos se ocupe el mercado y, a los pobres, subsidiarlos, esto puede implementarse a través de la entrega, a estos últimos, de vales para compras ¿De dónde saldran los fondos? De las ganancias que el campo obtendrá el mercado y, con suerte, de la contribución de otros sectores y del ahorro que producirá reducir los subsidios generales.

Por lo demás nos guste un estado chico o grande este debe rendirnos cuenta. Se tiene que acabar el vale todo en materia de fondos públicos.

Ideas para la crisis.

Podemos discutir las retenciones, el rol del estado en la economía y la función de la política hasta ponernos verdes, pero siempre recordando un par de cosas:

Hagamos política y no la guerra: Consensuemos, discutamos, trancemos, y decidamos. Es triste ver cómo un energúmeno le pega a otro pero más triste es ver que haya algunos que después de todo lo que paso en este país, lo defiendan.

Respetemos la ley: Los impuestos los deciden los diputados, las calles las cortan las comparsas en carnaval y la plata la gastan los municipios, provincias y nación (en ese orden).

Y, por sobre todo, al fin tengamos nuestra cita con la historia: siempre llegamos tarde.

Nota del 01/04/08: Para quienes desean informarse más acerca de la crisis global de alimentos, un cable de la Associated Press de fecha 24/03/08 describe como se vive esta en otros países: protestas en Italia, enfrentamientos por el pan en Egipto, y el programa de Naciones Unidas de alimentos que solicita fondos urgentes para poder seguir cumpliendo su tarea. El cable señala que por lo menos nos aguardan 10 años de precios altos de alimentos.

La imagén que ilustra esta nota es de propiedad de Brian Hathcock y se publica aquí bajo licencia Creative Commons.