¿Quién es el dueño de la Web 2.0?

Abril 2, 2008

434269320_b72ef79cd1.jpgEl panorama.

Todo nuevo avance tecnológico implica ventajas y tan bien riegos. Es natural entonces que el derecho recepte estos cambios y regule sus consecuencias. Así, por ejemplo, la invención del ferrocarril (fines del siglo XIX), produjo una verdadera revolución que afectó todos los órdenes de la vida: las distancias se acortaron, mejoraron las comunicaciones, el comercio explotó; pero el poder del vapor también magnificó los accidentes y las tragedias.

Dos siglos después, internet, y en general la era digital, significaron una revolución aún más profunda: nació el comercio electrónico, las comunicaciones se hicieron instantáneas, y nos ahogamos en información; al mismo tiempo, la intimidad comenzó a ser cosa del pasado, y crecen los temores a que “Gran Hermano” se cuele en la red.

La Web 2.0 y las externalidades de red.

La característica más importante de la web 2.0. es que ella se construye con el contenido aportado por los usuarios, a diferencia de la Web 1.0 donde este era un simple espectador. Youtube o los sitios sociales (Facebook, Myspace, etc), son buenos ejemplos de este cambio: se tratan de simples cimientos sobre los cuales los usuarios edifican.

La Web 2.0 también se caracteriza por lo que Paul Krugman (Krugman y Wells, Introducción a Economía: Microeconomía), llama externalidades de red, donde el valor de un bien, para el consumidor, aumenta cuando el número de usuarios de dicho bien también aumenta. Es decir, los sitios más valiosos no son aquellos que están mejor diseñados o tienen mejores prestaciones sino, simplemente, aquellos con el mayor número de usuarios. Youtube, es un buen ejemplo: hay sitios mejor diseñados y también hay otros que ofrecen una mejor calidad de imagen o capacidad de almacenamiento, pero ninguno tiene su número de suscriptores.

Aceptado que los usuarios son responsables del éxito de un sitio web 2.0. ¿Reciben estos su justa recompensa? Pienso que no.

Es que, si bien las leyes, en general, protegen a los usuarios del mal uso de sus datos personales (la ley de habeas data se ocupa del tema en Argentina); y estos tienen derecho a conocer la información que de ellos posean las empresas, o a exigir, en ciertas circunstancias, su corrección o eliminación falta algo más: que el usuario pueda llevarse sus datos a la competencia.

¿Se levanta a la faz de la tierra un nuevo y glorioso derecho?

Algunos han construido una reputación intachable en E-bay, producto de un cúmulo de transacciones honestas; otros han creado originales videos en Youtube; las colecciones de fotos de otros, son muy valoradas en Flickr. Pero todos ellos tienen una sola opción si deciden, por cualquier razón, buscar nuevos horizontes. Dar de baja su usuario y perder todo lo que supieron construir.

Cierto es que algunos sitios permiten que el usuario se lleve su contenido (ello me permitió pasar mi blog de Blogger a WordPress), pero esto se debe a la política de esas empresas, política que está lejos de ser  adoptada por la generalidad de las compañías.

Krugman señala que, por causa de las externalidades de red, se producen los monopolios ¿Qué mejor forma de evitarlos y asegurar que el usuario reciba siempre el mejor valor que eliminándolas, o por lo menos minimizarlas? Así, la próxima vez que E-bay aumente sus comisiones, sus usuarios tendrían otra opción (además de una huelga), mover sus operaciones a otro sitio de subastas.

Otorgar este derecho no solo implica para las empresas un reconocimiento a sus usuarios sino, además, una buena decisión desde el punto de vista de los negocios. Ser un monopolio tiene sus ventajas, pero estos, a la larga, se acaban y con ellos, generalmente, la empresa.

Por lo demás, creo que a la larga los gobiernos regularán este aspecto, y ya se sabe cual es la regla en estos casos: mejor concertar alianzas y actuar antes que la burocracia comience su ruedo. Es que esta última siempre va por más.

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