Una cita y una reflexión: los peligros de la red.
Septiembre 11, 2007Filosóficamente estoy del lado de Google y de los piratas: ambos pretenden el libre acceso a la información.
Sin embargo - a todos nos pasa -, a veces no se si no les encuentro algo de razón a los cavernÃcolas que pretenden detener el progreso. La siguiente cita - responsable de mis últimas dudas -, fue sacada de un excelente, (y gratuito), repertorio de jurisprudencia sobre privacidad. El autor de estas lineas se llama David J. Solove y espero que mi traducción le haga justicia:
“Internet permite que la información fluya más libremente que nunca. Podemos comunicarnos y compartir ideas en formas nunca antes vistas. Estos avances están revolucionando nuestra formas de expresarnos y cimentando nuestras libertades.
Pero hay un problema. Vamos hacia un mundo donde buena parte de nuestra información privada será preservada para siempre en la red, para ser mostrada instantáneamente como resultado de una búsqueda en Google. Tendremos que vivir con un meticuloso registro que comenzará con nuestro nacimiento y permanecerá toda nuestra vida, adondequiera que vayamos y accesible desde cualquier lugar del mundo. Estos datos a veces son de dudosa procedencia; pueden ser falsos o difamatorios; pueden ser verdaderos pero profundamente humillantes o desacreditadores. Nos puede pasar que se nos haga cada vez más dificil comenzar de nuevo, tener una segunda chance o escribir una página en blanco. También nos será más difÃcil desarrollarnos como personas, si cada paso en falso o estupidez que cometamos quedarán permanentemente archivados. Este registro afectará nuestra habilidad para definir nuestra identidad, conseguir empleo, participar en la vida pública y más. Irónicamente el flujo irrestricto de información en la red puede coartar nuestra libertad ¿Cómo y por qué esto está sucediendo? ¿Cómo puede ser que el libre acceso a la información nos haga más libres y más esclavos al mismo tiempo?…“
Nadie resiste un archivo:
Los avances tecnológicos siempre provocan victimas. A veces son visible y notorias - como las victimas de Hiroshima - otras, no tanto. Nos glorificamos del avance de la tecnologÃa y de la facilidad con que se crea y distribuye información. Pero a veces no nos damos cuenta de las consecuencias.
Es que no toda la información merece ser preservada: los chismes, las estupideces cometidas bajo el influjo de la pasión o el alcohol, y otras inocentadas, antes tenÃan una vida bastante corta y, además, vivÃan en un ámbito muy reducido.
Todo eso cambio. Hemos terminado de perder nuestra inocencia. De hoy en adelante nuestro pasado nos condenará. Es que nadie - ni el más santo -, puede sobrevivir aunque sea al ridÃculo del archivo. Y la red es y será ese gran archivo, tal vez la tumba de nuestra intimidad.
Una de dos, o propiciamos que en la red también exista el “derecho al olvido” o tenemos que cambiar esa actitud pueblerina que todos tenemos de pontificar acerca de los errores y miserias ajenos.
La primera opción a esta altura de los acontecimientos es como escupir al viento, la segunda es todavÃa mucho más difÃcil de lograr.
Publicado por Francisco de ZavalÃa


